Soy celeste y blanco. Soy los 10369 kilómetros que me separan de mi Buenos Aires querido. Jazmines. Fernet con Coca y Malbec. Soy “Cronopios y soy Famas” también. Soy Racing Club.
Soy mis mil libros favoritos. Soy pies descalzos para poder pensar.
Soy pausa y foco en la vorágine cotidiana. Soy la siesta sagrada del domingo.
Soy autodidacta de todo lo que quiero aprender, espero a las musas con una copa en la mano y el corazón abierto.
Reconozco mis errores. Soy mi terapeuta, le doy alpiste a mi Ave Fénix. Me reconstruyo.
Soy “Si te postran diez veces te levantas otras cien, otras quinientas”.
Aprendí a ser hija cuando fuí madre.
Nací de nuevo cuando nació mi hijo.
Reconocí el amor en el hombre que me hizo reír cada día desde aquel día (y desde antes, mucho antes…otras vidas). Me convertí en equipo, en vínculo indestructible cuando sumamos 3.
Aprendí a ser hombre a través de ellos y a entender el bendito poder de la mujer, la matriz: el privilegio.
Soy mi madre porque vibramos en la misma frecuencia, somos una. Sin distancia física.
Soy amiga siempre porque creo que nadie se encuentra porque sí en este viaje.
Soy desapego para evolucionar (lo intento).
Soy mis gatos en la introspección.
Me conmueve la naturaleza, el verde, el pájaro, los colores del otoño, el sol… como prueba de que Dios existe.
Le huyo a la sombra en todas sus formas y envases.
Soy “hago; luego existo”.
Creo en mí. Y si dudo, toco madera y ya está.
Observo para poder ver.
Soy “Day Dreamer” las 24 horas.
Soy feliz en lo simple y lo defiendo. Y soy compleja a la vez.
Soy convicción de que somos energía y como tal, eternos… soy certeza de que nunca nos extinguimos: solo nos transformamos.
Soy Lau.
Laura Carrera
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