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Soy soledad… si, si… La soledad de la partida que dejó un padre… La soledad del hijo del medio… Que no es ni el más grande ni el pequeñín mimado… Soy la soledad del desapego… la soledad que queda cuando te dejan grandes amistades y la soledad que dejan esos grandes amores cuando culminan. La del desarraigo… La de las frustraciones… La de las mudanzas y los cambios.

Pero también soy la soledad necesaria en el camino resiliente que nos da la vida… Que no nos saca nada sin dejar enseñanzas… Soy la que aprendió a mirar en el otro, a escuchar en el otro.
A entender los gestos y las miradas, a prestar mi voz cuando las palabras no alcanzan… La que puede poner un abrazo en los momentos de duelos.

Así es como me convertí en Soledad para mis pacientes.
Hoy elijo qué soledad ser… soy la que construye y con la cual me llevo mejor.
Hoy soy el disfrute de la soledad que dejan los hijos cuando se van a la escuela sabiendo que tu corazón está repleto.
La soledad de un viaje sabiendo que tu familia al final del trayecto te espera… La alegre soledad cuando a la noche los míos se duermen. Soy la sole de ellos… Los míos… Y el sol de mis amigos.