Soy un corazón que se rompió más de una vez.
Soy un par de alas que me llevaron a volar y me sanaron.
Soy sensible. A veces demasiado.
Soy sur. Me enojan (mucho) las personas que no saben reflexionar sobre el origen de sus privilegios.
Me enamoran inevitablemente las personas que sólo saben dar.
Soy afortunada y muy querida. Aunque ya no espero milagros, vi a mi ángel de la guarda más de una vez bajar del cielo, apropiarse de diferentes cuerpos (con nombre y apellido) y venir a mi auxilio en los momentos más difíciles.
Soy tiempo para mí, a veces malinterpretado como indiferencia. Soy una sonrisa que me ilumina la cara mientras recito en voz baja un verso que me conmueve. Soy agradecimiento infinito y silencioso de los abrazos que no pido. Soy torpe para hablar y un par de ojos que lo dicen todo.
Lloro seguido pero rara vez tengo miedo. Creo que el secreto de mi valentía es que soy súbdita orgullosa e incondicional de mi niña interior. Y ella nunca se equivoca.