Además de mujer he sido y soy semilla germinal.
Se dice de la gente abocada al arte que son hechos para dar a luz y siempre supe que esa iba a ser mi gran vocación. Entre colores y música encontré mi escaparate de la locura. Y en el literal dar a luz entendí que mi hijo sería por siempre mi razón de vivir.
He sido y soy semilla que ya ha dado frutos. Sé oficiar de gran amiga desde la empatía y la virtud compartida. Leal a mis principios todavía confío en la Humanidad.
Pero hago referencia a las generaciones nuevas y por venir. Les tengo fe y sé que harán de este mundo un lugar más habitable. Lo digo desde mi lugar predilecto: el de educadora y aprendiz de mi hijo.
A lo largo de mi vida aprendí a hacer del dolor, entendimiento y perdón a otros y a mí misma… como alquimista. Y sorteando obstáculos, a simplemente ser feliz con poco o mucho por igual.”