Mi nombre es Edgardo y soy el resultado de lo que he caminado, las consecuencias de mis actos y el puro fruto de mis desaciertos.
Un tío solterón, amante de los libros, del mate amargo en las mañanas y del whiskey entre amigos que aclara noches y… ¡que vivan las madrugadas!
Soy músico, aprendiz de poeta, pensador, libriano de corazón intrépido, y a veces, lo contrario a un santo.
Millonario por ser de River, desposeído materialmente hablando. Nací en Argentina de la cual me fui para perderme y me terminé encontrando: En Uruguay como músico unos cinco años y en México otros doce por los caminos de Guanajuato. En Tierras del Rey José Alfredo, contraje nupcias con una Mexicana que antes de los trescientos sesenta y cinco días ya estábamos separados.
Soy Peregrino de Compostela y amante de los abrazos, mis preferidos: “Los abrazos de invierno, porque son con mucho calor humano”.
Volví a mis pagos desde hace un tiempo, donde me la suelo pasar extrañando, condición de los que perdieron el código postal de tanto andar andando.
Me fascinan las rimas, que los poemas me asalten, que los besos me roben y los amores me maten. Me preocupan los fanáticos, los falsos, las falacias, las falopas, los farsantes, los gobiernos.
Me indignan los cultos truchos, y que me cuelguen virtudes que no tengo.
¿Quién soy? Mi nombre es Edgardo y no soy ni más ni menos que un fulano, simple, más no insignificante, de espíritu inquieto, que no se conforma con las líneas rectas que el destino le ha trazado.