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Soy la que vive fuerte, feliz y agradecida por este rato más.
Y sí, ¿qué es la vida? un instante, sólo eso… estamos de paso y cada uno elige cómo vivirlo.
Soy Mariana, la que después de aquella prueba, nunca más vive la vida como lo hacía antes, ahora vivo lejos del ruido y muy cerca de lo que mime el alma y te saque la mejor sonrisa.
Soy mujer robot: metales por doquier y cicatrices que llevo como parte de mi historia.
No soy de aquí ni soy de allá, rodeada de dulces angelitos en mi segunda y bendecida vida.
Soy mujer, hija, hermana, tía, compañera, amante y hechicera de mis afectos.
Soy arte en todas sus expresiones, pintar, escribir y tomar fotos de aquellos momentos únicos hacen que viva más endulzada con la magia que provocan en mí.
Soy la que aprendió a no temer a nada ni nadie, la que luchó por su bien más preciado: ¡la VIDA!
Soy emocional, la que necesita abrazos que te reinicien.
La que sonríe y mucho.
Soy la que el “para siempre” no existe sino el “mientras dure”, porque nada pasa porque sí y sin dudas hay un porqué no, y agradecida por encontrar día a día la respuesta.
Soy la que casi no caminaba, casi no escribía, casi no hablaba, la que no registra el casi para darle lugar al “SI” a este caminar apreciando el paisaje y si surge una piedra me cruzo de vereda para seguir disfrutando de la música que llevo conmigo.
Soy la que deja su puerta abierta para que entres en mi vida, abierta si querés salir pero te pido que no te quedes en ella porque bloqueas el tráfico.
Soy la que cree que la ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia, la inteligencia se detiene un rato a examinar mientras que la ignorancia pasa por accidentes a gran velocidad y jamás nada le llama la atención.
Soy la que se encarga de la obediencia porque de la justicia se encarga Dios.
Soy la que cree que el odio no construye y ayuno de no decir nada que haga mal al otro.
Soy la que ve florecer el mundo todos los días, por vos, por mí y el brillo de días benditos.
Soy la que aprendió a esperar pudiendo diferenciar claramente entre cuándo sentarse a esperar es una gran comodidad y cuándo enorme sabiduría.
Cuidarse, no exponerse, confiar en que el mundo no se detendrá si no nos movemos tomando distancia del ruido y respirar para calmar los latidos de impaciencia.
En mi segunda VIDA pocos acentos mucha intensidad!
Algo está pasando y no tengo miedo, la velocidad me lleva a seguir y me dejo llevar convencida que esto es un camino que no puedo evitar ni quiero.
Segunda VIDA, amada y bendita, siento agradecimiento eterno y brindo por muchas sonrisas más, ¡esta vez las riendas no voy a soltar!