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Soy una rebelde educada. Rebelde porque tengo la necesidad profunda de romper con paradigmas, sistemas y creencias obsoletas, viejas o que excluyen; educada porque creo que la rebeldía cuando no está bien orientada es destructiva y que lo anticuado siempre debe romperse para dar paso a algo más amoroso, tolerante e inclusivo.

Soy aquella que se levanta a diario convencida de poder cambiar al mundo y que todos los días se va a dormir sonriendo por haberlo logrado. Entiendo que cuando el mundo sana, también sana mi entorno y por ende sano yo.

Soy aquella que con el pasar del tiempo aprendió que las lecciones que ignoramos se repiten cada vez más fuerte hasta que se aprenden y la que entendió, que aunque no siempre me guste, que hay personas que se cruzan una y mil veces en nuestro camino porque todavía tenemos algo que aprender y algo que enseñar, así transmutamos.

Soy la cree que poder mostrar su vulnerabilidad es en realidad una fortaleza, que no es grave que el otro te vea hasta los huesos o en un momento de fragilidad y la que, aunque sintiéndose omnipotente a veces, entiende que nadie puede solo, a la que le molesta que le digan “Vos siempre podes con todo”. Soy la que entiende que es mejor quedar en carne viva y quedar expuesto a vivir encerrado en uno mismo por miedo a sentir o a que duela.

Pienso, creo y siento que el alma está en evolución constante, a veces rápido, otras veces en slow motion pero que nunca está quieto, por eso hoy soy aquella que mañana ya no voy a ser.