Soy Joanna, casi, casi igual que mi abuela. Hija de dos tierras de migrantes y mujer apasionada por aquellos que comparten líquido arterial.
Amor: mi única ley.
Odiada feminista de todo aquel ignorante a su lucha. Tolerada hija del cambio, la valemadrista, la cuentapasos y sabelotodo que orgullosamente (ahora) criaron dos chuladas de zacatecanos. Seré su eterna traductora.
Imperfecta amante de la escritura; de los renglones y plumas y combinaciones de letras que aún estoy por paginar. Soy la que espera toda creación literaria con paciencia, sumergida en las hojas grabadas por Shakespeare, Poe (no por nada compartimos fecha de vida), Sor Juana, Junot Díaz, autores sin nombres y mi Amado Creador.
Adoro mi pasado. Pesado y tortuoso, pero digno de alteración por el bien de mi patria interna. Amo hijas ajenas, y cachorros (y solo un gato) que jamás permitiré vivan en mi casa.
Canto a pulmón abierto, y algún día me atreveré a tocar la guitarra que acumula polvo debajo de mi cama.
Té para las mañanas tranquilas. Café para todo lo demás. Mole, pero que sea de la cocina de mi mamá, al estilo Zacatecas con un toque agringado.
Odio estar bajo el sol, pero que alumbre mi escritorio cada mañana es mi salvación.