Soy Jesús, en esencia, la suma de mis padres, Octaviana y Antonio, y de mis propios deseos… y de las circunstancias, aunque una definición única de mi persona no existe, porque ha habido varias y habrá muchas más por venir, dependiendo los momentos en los que me desenvuelvo. Sin embargo hay sentimientos que son una constante en esas definiciones: el amor, la pasión, la amistad, la tristeza (en menor medida), la melancolía, la esperanza, el enojo…
Ahora mismo puedo definirme como un hombre feliz, inmigrante por decisión (y en eso me siento afortunado), esposo y melancólico del terruño, sobre todo de mi familia, a la que amo.
Soy también bromista, curioso (quizá por ello soy periodista), no sé si soy más lo primero que lo segundo, además de mordelón y un trabajador empedernido.
Desde hace poco más de ocho años, Kika, mi fiel compañera, también me define: representar “todo” para un ser viviente no es fácil, pero lo que recibo a cambio es invaluable.
Lo mejor de este que soy es que siempre hay más por ser y jamás tendré miedo por descubrirlo, ahora acompañado, disfrutando otros placeres que dan la comida, el vino, la música, la literatura y mi séptimo arte.