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Soy Valeria. Soy buscadora. Soy profunda.
Soy intensa, soy sintiente.
Soy Escorpiana.
Soy alumna y soy maestra.
Soy soñadora de sueños y creadora de realidades.
Soy para adentro, pero salgo seguido.
Soy hija, hermana, pareja y amiga.
Soy todas las mujeres que me habitaron.
Todas las que fui, y recordando la que soy.
Soy una anciana, soy una mujer y también una niña.

Cuando me preguntan a qué te dedicas, se me complica explicarlo.
Antes me era fácil definirme.
Entrar en una estructura desde la que pudiese decir quién era y que hacía.
“Comercialización de medios. Soy ejecutiva de grandes cuentas en el departamento comercial de un canal de televisión. Hace más de 25 años que trabajo en medios”
Ahora cuando me preguntan a qué te dedicas, me quedo y pienso…
¿qué querés que te cuente?
¿Me dedico a mirar las estrellas?
¿A reconocer los 4 elementos en mi, y recordar que soy tierra, soy agua, soy fuego y soy aire?
¿Que me dedico a buscar, a investigar, a estudiar, a leer para comprender de qué se trata todo esto?
¿Que me dedico a trabajar en ser cada día un poco más consiente de mi propia existencia?
¿Que trabajo para conocerme de verdad, para saber a ciencia cierta quien habita en mi corazón?
¿Que me dedico a recorrer el camino de la vida descubriendo mis sombras e intentando aceptarlas?
¿Que me dedico a aprender a amarme y a través de mi a todo lo que me rodea?
¿Que intentó ayudar a otros a llegar al camino de regreso a su propio corazón?
¿Que converso con los pájaros, con la luna y las plantas?
¿Que me sumerjo en conexiones que me permiten correr la cabeza a un costado para disfrutar de la magia y la divinidad de mi ser?

No puedo definirme.
Ya los límites se borraron, la casilla desapareció.
Soy todo. Y no soy nadie.
Soy de SER, lo más que puedo, cada día.
Pero cómo te explico todo esto.
¿A qué te dedicas?
A leer las cartas del Tarot, les digo.